Día de la historieta chilena: Celebremos y celebrémonos

Hoy vi que era el día de la historieta chilena y… qué les voy a decir…

¡FELICIDADES!

Felicidades a ti, sí, a ti, por hacer historietas.

¿Lo haces por pasatiempo? ¿Haces fanzines? ¿Imprimes tus libros o estás en plataformas de webcomic? ¿Trabajas con una editorial?

¡Felicidades a todxs ustedes!

Y bueno ¿Qué cómics chilenos me gustan? Empecemos:

“Bicharracas: Feas, negras y peludas” (Sol Díaz)

Bicharracas es un cómic que tiene varios tomos y que habla de una manera humorística y crítica sobre los roles de belleza y comportamiento al que se relacionan las mujeres, apuntando al racismo, machismo, etc. Este cómic me hizo sentir identificadx varias veces, a tal punto que usé una de las viñetas del primer libro como parte de un trabajo en la universidad (un compañero vio el cómic y dijo “se nota que te gusta porque es pura autocompasión”, pero finalmente yo tuve mejor nota que él). Conocer el trabajo de Sol Díaz con este cómic fue un gran punto de partida, a tal nivel de que tomé un taller en línea sobre webcomic con ella, cuando mostró su trabajo reciente “La rabia negra”, que también me identifica harto porque soy una persona muy conectada con la rabia… demasiado diría yo.

“Trazos” (Fernanda Frick)

Esta novela gráficac, para mí, es una montaña rusa emocional, debido a lo mucho que me llega lo que ocurre allí. Tenemos a una protagonista que se alejó de lo que amaba hacer por un fracaso anterior, no quiere volver a dedicarse al arte como antes y fue testigo de que la vida no es justa. Sin embargo, la vida también le dará señales para hacerse la pregunta: “¿Será bueno volver o no? ¿Qué me atrajo antes de esto?” y en las páginas de esta publicación verán qué camino tomará.

Este cómic me duele bastante, pero hay cosas muy valiosas que saqué de este. Si ustedes han pasado periodos donde dudan de sí mismos o sienten que ya no hay espacio para ustedes en lo que les gusta, léanlo.

“Melodía” (Gaspar Ortega)

Me pasa algo curioso con este cómic: Lo encontré en una feria a la que una amiga me llevó cuando la fui a ver a Viña del Mar (donde vivía antes) y luego pasamos a Valparaíso. Allí encontré este cómic en un puesto y tenía una portada diferente. La historia me gustó bastante: Una joven que está luchando contra traumas de niñez en un entorno que no ayuda para nada y en el que algunas personas que deberían hacerlo… adivinen, lo hacen todo peor. El trazo y la historia se complementan bastante y es un cómic al que le tengo cariño. Años después vi este cómic en una edición nueva y, la verdad, me sentí muy feliz por su autor.

Además, sentía que -al igual que ese cómic creció y tuvo su nueva edición- yo también pasé por varias cosas.

“Cuarenta y cinco por sala” (DevilKaty)

Acá haré trampa. Si bien el cómic me gusta, no hablaré exclusivamente de él.

Vi por primera vez a DevilKaty en un evento que ocurrió en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile (donde estudié diseño gráfico) y conocí a su personaje “ojos de botón”. Con el pasar de los años descubrí su trabajo autobiográfico y es en esta faceta en la que se clasifica “Cuarenta y cinco por sala”, el cuál habla de sus días como profesora y las aventuras y desventuras que pasó en ese tiempo (el nombre es una referencia a la cantidad de alumnos que solía haber en una sala de clases… ya de pensarlo es un desastre ¿No creen?). Con el tiempo conocí más a su autora, nos llevamos bien y luego, con toda la audacia del mundo, le pedí que presente mi libro “Irónico Drama Sexual” cuando hice el lanzamiento. Actualmente hemos trabajado juntxs y me alegra mucho recordar que he podido establecer lazos con gente en este rubro (me cuesta un poco hacerlo en términos generales). Por cierto, ella lanzó su fanzine “Las cosas que aprendí cuando ya era demasiado tarde”, échenle un ojo.


Y bueno, hay varios cómics que me agradan y tengo en el tintero, pero estos cuatro son los que recuerdo con más cariño, aparte que -de una forma u otra- me motivan. Además, ayer fui a La Furia Ilustrada (la versión de cómic e ilustración de “La Furia del Libro”) y me alegré por mis colegas y me inspiré para seguir mi trabajo. Obviamente recordando que debo recargar las pilas a tiempo y no fundirme (cosa frecuente porque vivo a mil por hora, con música de Initial D de fondo).

Eso ¡Feliz día de la historieta chilena! ¡Vamos que se puede!


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